lunes, septiembre 06, 2010

El canto de un poeta a la vida de Bolívar


William Ospina, el poeta, esculcó durante dos años la vida del Libertador de América y escribió textos que sin sospecharlo, se convirtieron en un libro: ‘En Busca de Bolívar’. Allí, con admiración profunda, repasa los amores, las influencias, las batallas, las victorias y las derrotas de su personaje. Entrevista.



Por Santiago Cruz Hoyos
Unidad de Crónicas y Reportajes El País
Foto Gilma Suárez - Cortesía de Norma


Y el poeta, con su pluma, deja a Bolívar en una calle cualquiera, vivo. La calle puede ser de Cali o de Caracas, de Lima o de Puerto Príncipe. No importa. En esa calle, el Libertador, ya despojado de los títulos de militar, de político, ya después de sus hazañas libertarias en América, de sus estruendosas victorias y derrotas, va por ahí con una pregunta retumbando en su cabeza: ¿por dónde comenzar de nuevo?


Porque Bolívar, escribe el poeta, no tenía vocación de estatua. Era un hombre de una energía inagotable capaz, en un solo día, de librar batallas, nadar por el río Orinoco atado de manos, saltar una y otra vez sobre caballos, bailar toda una noche con una dama y después otra vez combatir, esta vez en los terrenos del amor pasional.Así describe el poeta al Libertador. Un ser inagotable, con sospechas de ser loco por sus sueños utópicos de convertir al continente en una sola nación, y un hombre que quizá nunca conoció el aburrimiento, la inmovilidad, gracias a ese “ardor y obstinación que no parecían humanos”.


El poeta admira profundamente a su personaje. Recoge voces que aseguran que aquel era capaz de convencer hasta piedras. O que tenía un genio militar en la cabeza. O que como Napoleón, una de sus influencias, tenía una estrella que lo salvaba una y otra vez de la muerte. Como en Jamaica, cuando un aguacero salvó a Bolívar de morir apuñalado en una hamaca.


Tanto admira el poeta al Libertador, que prefirió en su historia dejarlo vivo en una calle de América, pensado en una nueva empresa, y esquivó ese capítulo sucedido el 17 de diciembre de 1830, cuando Bolívar muere en la Quinta de San Pedro Alejandría, en Santa Marta. Sus razones para tal decisión las explica así: “Un hombre como él sigue viviendo en cada momento de sus días, sigue vivo en su infancia y en su adolescencia; en las cabalgatas con Matea por los llanos de la hacienda; en sus meditaciones en alta mar yendo hacia Europa sin presentir que viaja a encontrarse consigo mismo; va en goletas huyendo de isla en isla, de fracaso en fracaso; perdiendo todo sin cesar en el desastre de Ocumere; ganando todo otra vez en el avance por el Orinoco”.


El poeta, ya es hora decirlo, es el nacido en Padua, Tolima, William Ospina. Y la historia, o mejor, el libro del que hablamos, se llama ‘En busca de Bolívar’, un perfil del Libertador en estos tiempos en los que se celebra el Bicentenario de la Independencia de Colombia. Un perfil que Ospina, sentado en un computador en Medellín, prefiere llamarlo a su manera: un canto.


Hablemos de esa búsqueda de la vida de Simón Bolívar. ¿Cómo empezó a perseguir esa historia?


Cuando acepté la invitación de Omar Porras, el gran director colombiano de teatro que dirige el grupo Malandro, en Suiza, para trabajar en una obra sobre Bolívar, comprendí que no sólo debía acercarme a la bibliografía básica que existe sobre él, sino que necesitaba escribir un texto que me permitiera formarme una idea personal de Bolívar y plantear mis propias preguntas sobre su vida y su pensamiento. Lo pensé inicialmente como una reflexión privada, sin intenciones editoriales, y durante dos años escribí fragmentos y reflexiones, mientras por otra parte escribía los textos, más narrativos y literarios, para la obra de teatro 'Bolívar, fragmentos de un sueño’. Podría decir que es un ejercicio personal de reflexión paralelo a ese trabajo creativo, tan interesante para mí, que fue la creación con Omar Porras.


¿Qué es ‘En busca de Bolívar’? No llega a ser una biografía, es más bien un perfil de corte periodístico del Libertador, pero también un ensayo sobre él, su historia...


Yo diría que participa por igual de las condiciones del ensayo, de la narrativa y de la poesía. Por momentos quiero ver a Bolívar viviendo ante mí, describir las circunstancias, las selvas, los ríos, los amores, las derrotas; por momentos quiero reflexionar sobre la importancia de todo aquello, y por momentos siento que es necesario... ¿cómo decirlo? Tal vez cantar, celebrar hechos tan públicos que sin embargo nos afectan tan íntimamente, de los cuales sin duda somos hijos todos nosotros.


Leyendo su libro se me vino a la mente el Che. Algunas de las características de Bolívar también aparecen en la historia de Guevara. (Esa capacidad para convencer hasta piedras, esa energía inagotable, esa estrella que los salva de la muerte) ¿Se podría afirmar que ambos pertenecen a una misma clase de hombres extraordinarios? 


A mí lo que me interesa de Bolívar es que no era sólo un guerrero, ni era sólo un político. Su condición de pensador, de poeta, su desprendimiento, su sentido de humanidad me parece que no tienen comparación. Además su lucha era por ideales que todo el mundo comparte hoy: la libertad, la democracia, la justicia, y por algunos que todavía hay que aprender a compartir: la inteligencia, la sensibilidad, la belleza, el amor, la originalidad individual. Estaba lejos de pensar que el Estado lo es todo, que el Estado tiene derecho a meterse en los asuntos internos de los individuos. Pero, como decía Borges, "lo único de lo que no se arrepiente nunca un hombre es de haber sido valiente".


Esa historia de Bolívar organizando ejércitos y guerrillas para luchar contra la Corona ha inspirado a muchos que, con esas premisas bolivarianas, se han armado para ir en contra de una sociedad. ¿Qué piensa de la guerrilla que se levanta contra un Estado utilizando el nombre y lo sueños de Bolívar?


Todas las sociedades civilizadas reconocen el derecho a rebelarse contra la opresión, la injusticia y la tiranía. Pero el nombre de libertadores y de luchadores por la justicia no basta atribuírselo, hay que merecerlo por las acciones, y el mundo está lleno de luchadores contra la opresión que son a veces más salvajes y más ignorantes que aquello contra lo cual dicen combatir. Nadie tiene tanta obligación de justificar sus actos como el que lucha por la justicia.


Volvamos al libro. En varios pasajes aparece una sospecha: Bolívar estaba loco. ¿Era él en realidad un desquiciado?


La locura es uno de los temas más altos y más antiguos de la literatura. La Cólera de Aquiles, la Furia de Orlando, la Obsesión de Hamlet, la locura de Don Quijote, el Delirio fáustico, el Demonismo de Byron, la Metamorfosis de Gragorio Sampsa, no son más que magnificaciones de ciertas posibilidades humanas que están en todos nosotros. En la historia, los grandes transformadores tienen siempre ese carácter superlativo, y en Bolívar eran enormes la convicción, la fuerza de decisión, la energía vital, la competitividad, la perseverancia, la ambición histórica, el sentido de responsabilidad. Muchos que no la entienden llaman locura a la grandeza.


Hay un pasaje del libro bello: cuando el haitiano Alexandre Petión ayuda a Bolívar en su lucha a cambio de la libertad de los esclavos. Esa parte de la historia, el aporte afro a la independencia, parece olvidado por muchos. ¿Por qué no interesa ese capítulo de la historia? ¿Aún somos racistas?


Estanislao Zuleta solía decir que la esclavitud sólo se acabó cuando dejó de ser un buen negocio. Que en ese momento los antiguos amos descubrieron en sus propias almas una humanidad desconocida, una piedad conmovedora. Pero es porque ya era mejor negocio tener obreros. Decía también que para los esclavos, en algún momento, la noticia de que los iban a dejar en libertad sólo significaba que los dejarían libres de comida y de techo. La libertad sin oportunidades, la libertad sin un proceso cultural de incorporación a la leyenda de las naciones, la libertad sin empleo, sin propiedad, sin educación, sin respeto, sin reconocimiento de la originalidad, de las raíces, fue la farsa de la abolición de la esclavitud. Los hijos de los esclavos sólo podían llegar a ser protagonistas de la historia cuando se apropiaran de su memoria, de su originalidad, de sus músicas, de sus ritmos, de su increíble fuerza estética, lo que ahora están haciendo por todas partes, con una generosidad y una alegría verdaderamente conmovedoras.


Hay otro aparte del libro que me llamó la atención. Se trata de la mencion a un artículo de Marx contra Bolívar, que ataca de manera injusta al Libertador. ¿Por qué darle importancia a ese artículo, mal hecho y mediocre, con fuentes no convenientes?


El artículo tiene poca importancia, pero Marx ha tenido mucha. Por otra parte, en esas páginas, Marx es más bien un ejemplo o un símbolo de cierta manera rencorosa e injusta de escribir la historia. Además, poder demostrar que un gran luchador por la justicia pudo ser tan injusto, es interesante en términos académicos y sociales. Muchas veces la gente cree que la causa que defiende justifica hasta las inconsistencias.


El libro tiene un gran aporte: quien lo lee, conoce a fondo a Bolívar. ¿Cómo entró en esa psiquis de Bolívar para poder narrarlo desde ahí de esa manera tan íntima?


No sé si lo habré logrado. Quedo con la sensación de que aún me queda todo por saber de Bolívar. Yo no pretendo que el libro sea muy importante, ni que resuelva los enigmas. Sólo puedo decir que lo escribí con pasión, con admiración y con sinceridad. Que veía ante mí a un gran ser humano nacido en estas tierras nuestras, un hermano nuestro, que dio mucho por nosotros, a quien hay que seguir interrogando, porque tiene todavía mucho por enseñarnos. Además, vivimos en una sociedad llena de tareas inconclusas, democracias insuficientes por falta de confianza en la gente, instituciones corruptas por falta de grandeza y de compromiso de los ciudadanos, poderes que traicionan a la comunidad, riquezas que no se comparten, egoísmos, pobreza de corazón. Hay que interrogar a alguien de cuyo desprendimiento nadie duda, cuyo amor por el continente es contagioso.


El libro también habla de los amores de Bolívar. Menciona la muerte de María Teresa del Toro, su esposa, por una fiebre. Esa muerte fue clave en la historia de Bolívar y de América. Claro, un hombre de la aristocracia, con dinero y un amor estable, ¿para qué irse a la guerra? ¿Usted cree que si ella no hubiera muerto, la historia sería la misma?


Hay tantos misterios en la vida de Bolívar. El de su esposa es uno de ellos. Ese hombre que odió la dominación española a nadie había amado más que a una española. Pero está también esa desdicha frente a la muerte. La muerte le quitó a su padre a los 3 años, después le quitó a su madre a los 8. Y a los 19, cuando acababa de casarse, le arrebató a su esposa. A lo mejor Bolívar sintió, como lo dijo, que la felicidad personal no era para él, y se dedicó a buscar felicidad para su pueblo. Había una tristeza en el fondo de todo aquello. También Dante, cuando perdió a Beatriz, ya sólo se consoló con el universo.


Dos últimas preguntas. En esta época de Bicentenario, ¿Qué celebramos en realidad? ¿Tal vez el mestizaje? ¿Tal vez la cultura?


Yo creo que debemos celebrar, no lo que conquistaron unos héroes hace dos siglos, sino lo que gracias a ellos está en nuestras manos hacer. Nos dieron patrias propias, patrias por las que tenemos el derecho y el deber de luchar. Nos hicieron ciudadanos de un mundo del que cada uno de nosotros puede ser vocero. Nos dieron el derecho a soñar, a ser originales, a no estar arrodillados ante nadie. Nos dieron un futuro. Hoy nadie puede echarles a los españoles la culpa de lo que nos pasa. Hace dos siglos lo que nos pasa depende, o debería depender, sólo de nosotros. Y si hay quien piensa que no somos lo bastante independientes y lo bastante libres, tiene que reprochárselo a sí mismo, a que no lucha lo suficiente. Bolívar no le echó la culpa a nadie. Más bien se dijo: lo que no haga yo, lo que no hagamos nosotros, nadie lo hará.


¿Cuál es su ambición con el libro?


En busca de Bolívar lo escribí porque necesitaba hacerlo. Después me convencieron de que lo publicara. Ojalá los lectores lo disfruten. Y, si tanto puede pedirse, ojalá aliente a algunos lectores a emprender su propia búsqueda de Bolívar.

1 comentario:

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