El día en que Cali fue la capital política de Colombia





Abelardo de la Espriella asumió la Presidencia en Cali, en una ceremonia que rompió la tradición de más de dos siglos de posesiones presidenciales en Bogotá. Seguridad, narcotráfico, descentralización y economía fueron algunos de los ejes de su primer discurso como mandatario.


Cali sonaba distinto. Muy temprano, a las 6:00 de la mañana, apenas se escuchaban pájaros y perros. El Día sin Carro había dejado las calles silenciosas, vacías. Después, los caleños comenzaron a despertar con el sonido de los helicópteros que sobrevolaban el sur de la ciudad y las sirenas que abrían paso a las caravanas oficiales que llegaban para la ceremonia de investidura de Abelardo de la Espriella.

Frente a la Universidad Santiago de Cali, donde se realizó la ceremonia, las autoridades instalaron vallas que impedían el paso de los ciudadanos que querían ver de cerca lo que nunca antes había ocurrido: por primera vez en la historia republicana, un presidente colombiano juraría el cargo fuera de Bogotá.

La dueña de una tienda de barrio, con olfato infalible para las oportunidades, sacó su televisor a la calle y acomodó varias sillas plásticas sobre el andén. Pronto el negocio se llenó de clientes que siguieron minuto a minuto la ceremonia y la imposición de la banda presidencial a Abelardo de la Espriella.

—    Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia. Firme por la patria —dijo el nuevo presidente.

En algunos barrios, entonces, comenzaron a escucharse cohetes. En el Batallón Pichincha, los cañones dispararon en su honor. Los soldados apostados junto a las baterías permanecieron inmóviles pese al estruendo.

En su discurso en el Batallón Pichincha, que inició a las 5:31 de la tarde, Abelardo saludó a uno de sus invitados especiales: Luis Felipe Yahué Cotazo, “el primer beneficiario del Programa Estatal de la Patria Milagro”. Don Luis Felipe es un vendedor de panela que se hizo viral durante la campaña presidencial, tras un video en el que un profesor universitario le dijo que dejaría de comprarle  porque había votado por De la Espriella.

Enseguida, vinieron los anuncios más importantes – y polémicos - del nuevo mandatario de Colombia. Aseguró que volverá la fumigación de los cultivos ilícitos. “Voy a implementar la fumigación con herbicidas de última generación que no causan daño a la salud humana, no contravienen el mandato de la honorable Corte Constitucional y no afectan de ninguna manera el medio ambiente”.

También aseguró que no habrá, bajo su mandato, una Asamblea Constituyente. “No creo en asambleas convocadas para alterar las reglas de la República, prolongar el ejercicio del poder o rehacer las instituciones al capricho de quienes gobiernan”. Y prometió que, como respuesta al símbolo de lo que significó su posesión en Cali, gobernará a Colombia desde las regiones”.

La elección de Cali como sede fue eje central de sus palabras.  Desde esta ciudad, que definió como una región golpeada por “el azote del terrorismo, del narcotráfico y del accionar de los violentos”, De la Espriella anunció que había comenzado “el tiempo de la recuperación del orden, la autoridad y la libertad”.

En ese sentido aseguró que se construirán mega cárceles “destinadas a recluir a quienes representan la mayor amenaza para el pueblo” y le ordenó a las Fuerzas Militares y de Policía combatir a las estructuras criminales.  “Los grupos narcoterroristas tendrán dos opciones: someterse a la ley o enfrentar la fuerza del Estado”.

‘El tigre’ también le hizo un tributo al senador Miguel Uribe Turbay, asesinado el 11 de agosto de 2025. “Desde el cielo, Colombia nunca te va a olvidar”.

De la Espriella, por otro lado, anunció el fin del impuesto al patrimonio y reconoció que se autorizará el fracking supuestamente “responsable y sostenible”.

Eran casi las 7:00 de la noche cuando terminó su discurso, con un agradecimiento a su familia, su esposa Ana Lucía Pineda y sus cuatro hijos con nombres que pronunció con acento italiano:  Lucía, Salvador, Filippo y Francesca. “Voy a  construir el país que todos los niños de Colombia se merecen”.

Una hora después, a las 8:00 de la noche, el Día sin Carro terminó y Cali comenzó a normalizarse, convertida, por unas horas,  en la capital política de Colombia.


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